En los barrios está la reactivación económica

Hay consenso en el mundo sobre la importancia de aumentar el gasto público en tiempos de pandemia. Los fragmentos de una economía en cuarentena esperan de la inversión del Estado un salvavidas a la crisis.

Con la pobreza estructural que somete a los países latinoamericanos, marcada por contextos de profunda desigualdad, la idea de la cuarentena en casa pasó a ser una ficción. Todos los días vemos en las calles cientos de personas jugándose la vida por unos pocos pesos.

Hoy más que nunca el Estado debe ser cuidadoso en el uso de los recursos, debe acertar en la inversión pública que realizará. Cualquier estrategia de reactivación económica debe maximizar el efecto multiplicador en términos de las condiciones de cuidado y de la reproducción de condiciones mínimas de vida. Es lo que reclama la economía para sobrellevar tiempos difíciles.

Fotografía de Daniela Ardila.

Sobre la trampa de las megaobras

Algunas ciudades latinoamericanas como Bogotá —en la que me encuentro— se enfrentan a la dicotomía entre invertir sus recursos en grandes obras de infraestructura o priorizar programas de mejoramiento de escala barrial.

Para algunos, el aporte de la construcción de grandes infraestructuras al PIB de las ciudades es razón suficiente para destinar a ellas los recursos de la reactivación económica. Se habla de la realización de vías troncales y modos de trasporte masivo en un contexto que ruega por el distanciamiento social.

Sin embargo, en países como Colombia se ha demostrado que debido a las pobres condiciones laborales, en la estructura de costos de los proyectos de construcción de grandes infraestructuras es mucho menor la participación de la mano de obra en comparación con el costo de los materiales, provistos además en general por oligopolios de materias primas que se quedan con la mayor cantidad del presupuesto (en dicho país, un obrero de la construcción recibe apenas un aproximado de 230 dólares mensuales).

Se cuestiona entonces la utilidad de invertir el presupuesto público en megaobras debido a que no pueden generar el efecto redistributivo que necesitamos en esta crisis. Adicionalmente, estas obras implican la movilización de las personas hacia los puntos de intervención, aumentando la presión sobre los sistemas de transporte masivo.

En los barrios populares, la oportunidad

Por el contrario, invertir en el mejoramiento integral de barrios puede ser la oportunidad para la reactivación económica a través de programas de generación de empleo que vinculen distintos esfuerzos asociativos de las comunidades y las economías de los barrios populares latinoamericanos.

Fotografía de Daniela Ardila.

Las obras locales son más intensivas en mano de obra y con menores requerimientos de materiales costosos por la menor envergadura de su intervención. Permiten un mayor efecto multiplicador en la generación de riqueza al poder surtirse con empleo local, que se traduce en recursos para sobrellevar la crisis en las familias a partir de una vinculación laboral que resulte dignificante y socialmente más provechosa que una transferencia monetaria no condicionada.

Además, si las obras están próximas a la vivienda de los empleados se favorece el distanciamiento social.


Las ciudades latinoamericanas con amplios déficits urbanísticos tienen la oportunidad de hacer apuestas ambiciosas de mejoramiento de barrios y reurbanización, que permitan saldar deudas históricas y reactivar economías locales a través de la inversión pública, en una apuesta redistributiva como premisa en tiempos necesitados de profunda solidaridad.

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