Carrasquilla con un ala rota

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¿Después del debate a Carrasquilla, cuál es el balance? ¿Que viene ahora?

El Banco Mundial, la OCDE y Transparencia Internacional definen corrupción como ‘el abuso de la función pública para obtener ganancias privadas’. Luego este es un debate sobre corrupción. Y voy a acusar al actual ministro Alberto Carrasquilla de haber actuado de una manera corrupta en todo el negocio de los Bonos del Agua”, esa fue la sentencia inicial del senador Robledo para dar comienzo a uno de los debates más esperados de los últimos tiempos.

En tono firme, Robledo le explicó al país la íntima relación entre Carrasquilla y los Bonos del Agua que metieron en una trampa a 117 municipios, de los más pobres de Colombia, con una deuda negociada bajo unas condiciones abusivas, sin posibilidad de reestructuración ni prepago y con un interés que hizo recordar el drama del UPAC.

Carrasquilla no solo fue el autor intelectual de un negocio en el que calculadamente eludió las restricciones y los controles al endeudamiento de los municipios. También separó el esquema financiero de la realización de las obras, que pasaron a un segundo plano, pues se hicieran o no, el pago estaba asegurado. Y lo principal, Carrasquilla era el encargado de conseguir los alcaldes, que por incapacidad o por corrupción firmaron los leoninos contratos.

Así, cuanta menos planificación, estudios y controles a las obras, más sencillo obtener la firma de los alcaldes, emitir y colocar más bonos y con ello aumentar las jugosas comisiones del ministro y sus amigos. El resultado: millonarias ganancias para los tenedores de los bonos y sus intermediarios. E intereses asfixiantes, deudas impagables, obras inexistentes o inconclusas, y sed, mucha sed para los habitantes de esos municipios.

Ante las acusaciones de Robledo y de importantes líderes de opinión, el nuevo frente nacional duquista salió a defender a su ministro, el de sus entrañas, justificando sus ganancias de tan solo $8.000 milloncitos, su genialidad, su patriotismo al conseguirles préstamos a unos municipios por los que nadie daba un peso. Carrasquilla, ‘un prócer’, ‘un hombre probo’…

A juzgar por la clase política tradicional, el debate no trascendió, pero al escuchar a la gente en la calle, en plazas y universidades, es claro que el resultado del debate fue contundente. El país le conoció el alma de avivato al ministro de Hacienda, el mismo que dice que el salario mínimo es ridículamente alto, y que la canasta familiar debe tener IVA.

También salieron a la luz las inconsistencias de Duque, que en campaña repitió incansablemente: “el que la hace la paga”. ¿La paga? ¿Entregándole el principal ministerio del país? ¿Atornillándolo cuando media Colombia exige su renuncia? ¿La paga? o más bien lo premian y le pagan.

El ministro, por ahora, sigue ahí, pero Colombia ya sabe de lo que es capaz y por lo que hizo debe renunciar. Carrasquilla, el ministro de más alto vuelo de Duque, hoy da vueltas descendiendo. Un ave de rapiña con un ala rota.

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