Construcción de la identidad nacional en Colombia y el papel de los sectores populares

El concepto de nación es un problemático y ha sido implementado de forma errónea en Colombia y debe reconstruirse. Los países por lo regular se constituyen con poblaciones en diferentes orígenes sociales, razas, credos y culturas que no son tenidos en cuenta para relatar las distintas historias de los estados nación. En este ensayo se intentará abordar el concepto de nación como concepto en disputa y el papel de la clase popular en el proceso.

Dentro de un primer abordaje histórico a principios del siglo XIX no existía distinción del concepto de nación, hasta ese momento «nación» era sinónimo de «Estado» (población, territorio y gobierno soberano). El concepto moderno de «nación» nace de las revoluciones liberales dirigidas por la burguesía, la nueva clase hegemónica en consolidación, la cual fue imponiendo una nueva forma de configuración, mediante un proceso cuyo objetivo era estructurar una unidad geográfica-política con una sola función económica dentro de los diferentes territorios. Este concepto surge como un instrumento clave ideológico para la dominación y la identidad nacional que emerge como parte del proceso de legitimación del dominio de una incipiente burguesía criolla.

En Colombia ha existido, desde los orígenes de la república, la problemática entorno a la construcción del estado nacional. Un ejemplo claro sobre esta problemática es el que presenta el profesor Atehortúa en los años 80, donde afirma que el estado nación se relacionaba a 3 fenómenos: la unificación geopolítica, la creación de un proyecto económico y la definición de una determinada nacionalidad. Los problemas radicaban en el proyecto al que se quería llegar; la formación de un territorio nacional, la emergencia de una clase dirigente impulsadora de un mercado interno y el despliegue de una unidad nacional (Atehortúa. s.f. pg 1, 2).

Para poder llegar a estas ideas centrales en la construcción de la idea de «nación» hubo obstáculos históricos que no permitieron desarrollar el concepto. El primero se centra en la diversidad productiva y el inaplacable comercio interno. En los territorios de la colonia la economía era una «Economía del oro» (Atehortua. s.f.) la cual no se desarrolló en un marco territorial exclusivo ni se sometió a un centro único de administración centralizada. Se puede decir que es verdad que el oro posibilitó el nacimiento de un comercio interno y cierto nivel de desarrollo artesanal, sin embargo sus desarrollos fueron de una frágil influencia a nivel nacional y muy golpeados por la importación de mercancías del exterior de mayor calidad.

El segundo obstáculo se relaciona con la formación tipográfica, en el territorio había un abrupto trazado de caminos, ausencia de vías de comunicación y de transporte, esto afectó el desarrollo económico. Aunque hay que decir que esto no era lo único que afectaba. Otro factor conducido fue el de la baja productividad de las unidades económicas del país y la poca capacidad de generar un excedente comercial. El tercer obstáculo fueron las notables diferencias regionales, consecuencias de una conquista que se planteaba ciudades aisladas sin ningún modo de producción que las uniera y un contexto en el que la comunicación entre las mismas regiones era inexistente. En el periodo de la colonia gran parte de la población era sometida a tributos, la base indígena y negra sustentaba el sistema económico sobre formas institucionalizadas de explotación, como lo eran la encomienda y la mita. Según el profesor Atehortua, más que la variedad productiva, el factor diferenciador descansaba en las relaciones que tales procesos regionales de producción de explotación encarnaron. En el año de 1810 los criollos estaban en desorden y en una disputa de intereses frente a la fidelidad a Fernando VIII, si se pensaba en autonomía o en dependencia o si se consideraba el federalismo o el centralismo. Estas disputas serían factor importante para que no se tomara la idea concreta de una identidad nacional. (Atehortua. s.f. pg 2)

La independencia como un proceso dirigido por la clase burguesa criolla caminaba hacia el horizonte de la construcción de un Estado y un ejército moderno, para ello la élite acudió a los sectores populares de manera instrumental apelando a su sentido patriótico incorporado por las revoluciones europeas, para de esta manera convencer a las masas populares a ser parte de los ejércitos independentistas. Lo que no se ha señalado en la historia oficial es que si realmente los objetivos de la clase burguesa eran los mismos que los de los sectores populares. El papel de los sectores populares se centraba en que este estaba cansado por los excesivos impuestos y un sistema de diferenciación social, así que este también tomó parte del proceso de independencia desde la idea de liberación social y la conquista de su propia libertad. En la historia hegemónica estos sujetos no tienen gran relevancia, pero hay que decir que en este proceso su participación marca un antes y después. Fueron los vendedores y vendedoras de la plaza, los tenderos, artesanos, indígenas, los negros entre otros sectores populares, quienes protagonizaron el alzamiento desde sus condiciones de explotados, no en perspectivas de realizar los objetivos de la clase burguesa sino de poner en el mismo plano político-social su existencia. En el contexto de la independencia los sectores populares mencionados anteriormente se definen como aquellos que no ostentaban ningún tipo de poder, bien fuera político, económico o cultural.

En primer lugar, «en el caso de la población esclava, es poco probable que tuviese algún motivo para creer en la causa libertaria de los caudillos. Ellos se insertaron a las filas con el objetivo de obtener su propia libertad, es decir, dejar de ser esclavos» (Rojas, 2016, pg 46) tampoco se puede decir que los que lideraron la independencia quisieran abolir la esclavitud, ya que este sistema sostenía gran parte de la economía en la colonia. La capacidad, por ejemplo, de exigir alguna garantía de obtener su libertad o la de su familia, era restringida. «Es así que, en el proyecto bolivariano, los afrodescendientes desempeñaron un rol activo en las campañas libertadoras, no obstante, la narrativa oficial dio sustento al imaginario de la nación mestiza» (Rojas. 2016, pg 47)

En este sentido los esclavos fueron marginalizados a las periferias, no solo en el sentido geográfico sino también político. Hay que decir que su participación en el proceso de independencia desde la militancia en los ejércitos no se encuentra en los registros oficiales de la historia hegemónica, cada muerte de una persona negra en la guerra fue la base para que los criollos pudieran siquiera pensar en lograr la independencia de los españoles.  No se puede afirmar que los sectores populares hubiesen tenido una ideología política compartida con los criollos, sino un particular interés, que en el caso de la población mulata y negra era el de integrarse a la nueva República y con ello lograr derechos políticos, económicos y sociales de los que carecían. Por su parte «los grupos denominados pardos, es decir, blancos pobres, mulatos y negros libres, los cuales buscaban por medio de la independencia mejorar entre otras su situación social mediante el reconocimiento de la ciudadanía» (Rojas. 2016, pg48) Los diferentes sectores sociales, tenían diferentes objetivos dentro de su participación en el proceso de independencia, tanto como afrodescendientes, mulatos, blancos pobres defendían sus necesidades propias. Estas participaciones se traducen en una acción armada, mediante la cual buscaban su reconocimiento y su presencia como sujetos colectivos con características que los identificaban a cada uno. Las élites encarnaban un proceso en el que se fueron agenciando intereses políticos, económicos y sociales en los cuales los sectores populares eran fundamentales, no como actores políticos con posibilidad de decisión sobre sus intereses propios sino como aquella masa social que fue la base invisible y el instrumento mediante el cual se enuncia un un proyecto político.

La nación se comienza a construir desde arriba. Cuando se habla de «nación» se habla de un concepto pensado por una clase letrada, una élite que se fundamenta en sus propios intereses políticos, económicos y sociales. Es importante visibilizar la figura de los sectores populares, dado que a estos solo se los llamaba a participar de la guerra, y no a participar de forma política, sus intereses no hacían parte de la agenda para la construcción del proceso en la independencia. Los intereses de los sectores populares estaban relacionados a sus necesidades propias. Es importante colocar en tensión los relatos institucionales que simplifican el relato de la independencia, de esta manera se puede dar mayor profundidad a la discusión y reconstrucción de la historia de los sujetos y grupos que por las dinámicas hegemónicas no son reconocidos y que han sido parte fundamental en las luchas sociales de nuestro país y continente.

Bibliografía 

Rojas E. (2016). Los sectores populares como actores políticos en el proceso de independencia en Nueva Granada (1808-1825). Quirón  revista de estudiantes de historia. pg 42-51

Atehortúa Adolfo. (s.f.). Colombia: regiones y diversidad. Universidad Pedagógica Nacional. pg 1-15
Atehortúa Adolfo. (s.f.). Ni revolución, ni nación, la independencia postergada. Universidad Pedagógica Nacional. pg 1-10

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