Cordial invitación a no decirnos “feliz día” el #8M

Aunque parezca curioso, el 8 de marzo no es una celebración, es más bien una conmemoración: recordamos las vidas de todas las mujeres que han luchado por lograr mejores condiciones para las que vendrán. Cosas que hoy damos por hechas, como el voto, el derecho a divorciarnos, el derecho a la educación o el mismo derecho al trabajo, fueron todas reivindicaciones de las mujeres durante el siglo XIX y XX. Sin embargo, aún existen profundas desigualdades, que nos recuerdan que hay poco que celebrar.

Prueba de esto es que, en términos de la desigualdad económica, el DANE afirma que las mujeres enfrentamos una tasa de desempleo más alta, que para octubre del 2020 fue de 18,7 % para nosotras y de 10,2 % para ellos. Según la Organización Internacional para el Trabajo —OIT—, las mujeres seguimos ganando un 20% menos que los hombres ( desempeñando la misma labor y estando igual de calificadas que ellos). Finalmente, de las mujeres que trabajan en Colombia, el 60 % lo hacen en la informalidad, en el llamado “rebusque”, lo que nos expone a más riesgos de explotación laboral e inseguridad pensional en nuestra vejez.

Por otro lado, también el DANE afirma que las mujeres tenemos mayor pobreza de tiempo, expresándose esta en que el 60 % de las mujeres participan en las tareas del hogar, mientras que sólo el 20% de los hombres lo hace, generando que las mujeres trabajemos un promedio de 10 horas más por semana en estas ocupaciones que los hombres. Las tareas del cuidado de los niños, adultos mayores y el hogar han estado históricamente recargadas en las mujeres.

Como si lo anterior no fuera poco, según cifras de Medicina Legal en el año 2020 en Colombia el 84 % de víctimas de violencia sexual fueron mujeres y niñas. Este tema es delicado. Los comentarios más reiterados en redes sociales y de periodistas que cubren noticias que muestran denuncias de acoso o abuso son: “ahora todo es acoso”, “ya ni las podemos mirar”, o “a los hombres también los acosan y los violan. Quienes piensan de esta manera deben saber que, aunque es cierto que los hombres padecen también varios tipos de violencia, esta se diferencia de la sufrida por las mujeres en que no se presenta por causa de su condición de hombre, como sí ocurre con nosotras. 

Estas profundas desigualdades son causadas por lo que los movimientos feministas han denominado el patriarcado, que al igual que el sistema económico, nos oprime de muchas formas y fue instaurado por la fuerza de la costumbre y la ignorancia en nuestra forma de pensar y ver el mundo, y es respaldado por las instituciones sociales: las leyes, la política, el Estado mismo. En todos los estamentos el papel del hombre es preponderante por el simple hecho de ser hombre, relegando al resto de la sociedad a un segundo plano en todos los aspectos de la vida. Lo terrible del patriarcado es que está tan instaurado en nosotros, que lo seguimos perpetuando, todos, todas y todes, al punto que muchas veces lo justificamos y defendemos como si este fuera el orden natural de las cosas.

Luchar por erradicar este sistema es una tarea titánica y es por esto que debemos contribuir desde las pequeñas cosas cotidianas, como las tareas del hogar, hasta las grandes luchas sociales, en las que el Estado tiene una gran responsabilidad, como el trabajo formal.

En este sentido, el feminismo, como un movimiento amplio, no busca la superioridad de las mujeres sobre los hombres sino que busca la equidad. Para su tarea ha encontrado mucha oposición pues —como es común— los cambios necesarios para la sociedad no se dan sin resistencia por sectores de esta y siempre requieren de lucha por parte de quienes quieren lograrlos. También, se ve obstaculizado por engaños de quienes consideran que con promesas se pueden calmar los reclamos de las mujeres. Por ejemplo, el gobierno de Duque, que se jactó en campaña de tener el primer gobierno paritario de la historia, no solo desdibujó esta promesa con múltiples cambios en sus Ministerios, sino que ha hecho poco para disminuir las cifras que se mencionaron anteriormente, con cero políticas enfocadas a mejorar la vida de las mujeres. 

Por todo lo anterior, cordialmente les invito a que este y cada 8 de marzo no nos digan “feliz día”, como dicta la tradición, pues no hay nada que celebrar, pero sí mucho que cambiar. El día internacional de las mujeres trabajadoras debe servirnos como una jornada de reflexión y movilización, sobre las condiciones de las mujeres en nuestro entorno más próximo, en el país y en el mundo, y para comprender que, si no replanteamos lo que nos ha sido enseñado como normal, no podremos ser esa sociedad que hemos soñado, en la que una gran parte no nos sintamos excluidas, inseguras o temerosas por el simple hecho de haber nacido o convertido en mujeres.

Fuentes: 

https://www.dane.gov.co/files/investigaciones/condiciones_vida/pobrezatiempo/Bole_Pobreza_Tiempo_Ingreso_16_17.pdf

https://n9.cl/ou4n2

https://www.elespectador.com/noticias/economia/las-mujeres-trabajan-mas-horas-pero-en-tareas-que-no-se-reconocen-con-un-salario/

https://www.minsalud.gov.co/Paginas/Todos-podemos-poner-fin-a-la-violencia-contra-la-mujer.aspx#:~:text=El%20Registro%20%C3%9Anico%20de%20V%C3%ADctimas,de%20las%20v%C3%ADctimas%20son%20mujeres.

https://www.ilo.org/americas/publicaciones/WCMS_697670/lang–es/index.htm

http://www.coomeva.coop/publicaciones.php?id=46126

https://elpais.com/internacional/2021-01-13/ivan-duque-sepulta-a-cuentagotas-su-promesa-de-un-gabinete-paritario.html

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