Profundidad de la crisis cafetera obliga soluciones ciertas y eficaces [parte 2]

Situación nacional

Los bajos precios en el mercado mundial envilecen los precios internos de venta del grano y llevan a que miles de caficultores se vean obligados a vender su grano por debajo de los costos de producción. Esta semana los precios de compra -del café pergamino tipo federación- han estado por debajo de setenta mil pesos la arroba, ($70.000) arroba, cuya producción cuesta, según los cálculos de la Federación Nacional de Cafeteros, FNC, setenta y ocho mil pesos ($78.000).

En septiembre del año anterior, el gobierno señaló que producir esa arroba costaba setenta mil pesos ($70.000). Con los incrementos en los fertilizantes, la mano de obra y los demás insumos necesarios para la labor cafetera, esos costos son hoy, por lo menos, y con las cuentas del gobierno, setenta y cinco mil pesos ($75.000) arroba. Dignidad Cafetera cree -con base en esta realidad- que el gobierno debe implementar el apoyo para la equidad cafetera en, al menos, quince mil pesos ($15.000) por arroba producida y, transferirlos, con los correspondientes controles, a los productores.

Esa es una solución que responde a la crisis profunda que vive la caficultura, pero es, sin duda, una solución de coyuntura. Desde hace varios años hemos solicitado la creación de un fondo de estabilización, o mejor, de sustentación de precios que garantice un ahorro que permita atender las recurrentes caídas en los precios internacionales. Sin embargo, el proyecto de Ley que hace tránsito en el Congreso de la República no tiene esas características. Lo estudiado nos dice que se trata de crear un fondo de cobertura y riesgo, un nuevo negocio de aseguramiento que no garantiza ingresos equilibrados con los costos de producción, en momentos de crisis, para los productores.

Sostiene el gobierno que los cafeteros deberían ser más eficientes. Que deben aumentar su productividad y mejorar, sustancialmente, la cantidad de cargas de café recolectadas por hectárea. Se dice -sin tener en cuenta las realidades agroecológicas, de pendiente y de calidad de las tierras- que Brasil tiene una productividad de 30 sacos de café verde promedio por hectárea mientras en Colombia son solo 18,6 sacos de café verde/hectárea en promedio.

En esta afirmación se soslaya la calidad de las tierras, el hecho de que las de Brasil son planas, aunque también tienen una caficultura de ladera bastante extendida y desconociendo que en las tierras que lo permiten pueden mecanizar las labores agrícolas. Sembrar, fumigar, cosechar y transportar el grano, además de beneficiarlo, se hace con maquinaria.

En Colombia el trabajo de producir café es manual, artesanal. Nuestro principal cambio productivo, en muchos años, fue pasar del machete a la guadaña. Así, es imposible aumentar la productividad y ser más competitivos en el mercado mundial. Esa diferencia, entre el café mecanizado y aquel producido manualmente, debe ser reconocida por las multinacionales y demás comercializadores y valorado en precios diferenciados. El mayor valor debe partir de la participación de la mano de obra, en más del 40% para producirlo y en las pésimas condiciones de vida y trabajo que padecen la mayoría de los caficultores y de los trabajadores que los acompañan en las labores del cultivo.

Ante el asomo, otra vez, de la crisis de ingreso, los caficultores colombianos han tomado la iniciativa y le han dicho al gobierno nacional que, como lo reconoció en la campaña electoral el hoy presidente Duque, los costos de producción están en, por lo menos, $77 mil pesos/arroba mientras que el precio al que están vendiendo es de $68 mil pesos/arroba o menos. Y, por eso señalan que el precio que debe garantizar el gobierno a través del Incentivo Gubernamental para la Equidad Cafetera, IGEC, debe ser, por lo menos, $ 85 mil pesos/arroba.

Algunos amigos acuciosos del gobierno han salido a decirle a los productores que no deben exigir precios justos porque el gobierno no tiene, por la crisis fiscal, como atender a los caficultores y que, más o menos, lo que debe hacerse es ajustarse el cinturón o recibir, si al caso, 3 o 4 mil pesos por arroba. En ese sentido andan felices con los 155 mil millones de pesos que, dice el gobierno, se destinarán para atender la crisis.
Hace algunos años, ante una crisis parecida, rechazaron los argumentos del gobierno de turno -muy parecidos a los del actual- y acompañaron la resistencia cafetera, promovieron jornadas de protesta y el paro que se realizó en 2013. Y, aunque cada momento es diferente, el llamado es a que reconsideren su actitud actual y se comprometan -con sinceridad- con la justa causa de los cafeteros colombianos.

La Asamblea Nacional de Dignidad Cafetera acordó solicitar al gobierno nacional “propender la creación de una organización de países productores de café suave que exprese a las multinacionales y a los gobiernos de los países consumidores la necesidad de mejorar sustancialmente los precios de compra de nuestro grano”. Señalo también “la necesidad de un apoyo del gobierno nacional al precio interno que tenga como piso base ochenta y cinco mil pesos m/cte. 85.000 arroba, de manera que cubra costos de producción e incluya una tasa de utilidad para el productor”.

“La creación de un fondo de estabilización que tenga como esencia la creación de mecanismos a través de los cuales se garanticen precios de sustentación y tasas de ganancia para el productor”. “Un artículo en el Plan Nacional de Desarrollo que ordene la solución integral a las deudas vencidas del sector agropecuario” y otro que “defina que el crédito, para el sector productivo del agro, no podrá tener tasas de interés superiores al 5% anual”.

Así mismo un artículo que permita la revisión de la institucionalidad cafetera y otro que destine, por lo menos, el 4% de los recursos del presupuesto y del plan nacional de desarrollo al sector agropecuario.

Finalmente, Dignidad Cafetera acordó realizar una marcha nacional a Armenia el miércoles 24 de abril.

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