El censo les da la razón a los defensores de la Van der Hammen

Las cifras del DANE confirman que el crecimiento poblacional de Bogotá no justifica la urbanización de la reserva.

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La aplanadora del alcalde parece no tener freno, pero sus intenciones sobre la reserva se acaban de quedar sin fundamento jurídico y técnico. ¿Le alcanzará la intransigencia?

Es conocida la obsesión de Peñalosa con urbanizar la Reserva Thomas van der Hammen y lograr cumplirle a los financiadores de su campaña, al punto de tergiversar a reconocidos científicos como Gary Stiles, Loreta Roselli y Fernando Remolina para justificar esa enorme destrucción ambiental.

Pero la “marruña” de Peñalosa no está fácil. En los últimos 15 días a sufrido dos golpes que lo tienen tambaleando.

El primero vino por cuenta de la magistrada Nelly Villamizar del Tribunal Administrativo de Cundinamarca que dejó sin efecto el fallo que había emitido el 10 de octubre y que le ordenaba a la Corporación Autónoma de Cundinamarca —CAR— poner en marcha el proyecto que busca la construcción de más de 350 mil viviendas y la ampliación de 10 vías. En otras palabras, dejó el proyecto sin piso jurídico.

El segundo, y que tiene a la administración Peñalosa “patas arriba”, vino por cuenta de Juan Daniel Oviedo, director del DANE, quien le quitó el piso de crecimiento poblacional que estaba usando Peñalosa para justificar la urbanización.

El DANE ha demostrado que Bogotá tiene hoy 7.150.000 habitantes que serían 8.000.000 en 2030, mientras la alcaldía afirma que son 8.181.000 y que llegarían a 9.300.000 en 2030. Las cifras con las que Peñalosa busca justificar no sólo la urbanización, sino obras de infraestructura y más TransMilenio, están infladas en más de 1 millón de habitantes.

Pero además, el DANE muestra que la mayor zona de crecimiento para el Área Metropolitana de Bogotá se concentra en el sur y suroccidente de la ciudad, área en la que debería priorizarse la oferta de vivienda (consulta acá los resultados del censo).

El sobredimensionamiento amañado de la población de Bogotá por parte de la alcaldía se enfrenta con la cruda realidad, realidad que tiene no sólo en vilo el proyecto de la urbanización de una de las reservas mas importantes del país, sino que le resta credibilidad al proyecto de actualización del Plan de Ordenamiento Territorial del Distrito, que iba a ser presentado en el Concejo, pero por las mismas inconsistencias fue aplazado.

Peñalosa parece tener la fuerza para seguir insistiendo en este negociado para sus amigos, aunque la razón esté del otro lado. Será la organización ciudadana, con razón en mano, la única que logrará frenar este crimen ambiental y despropósito urbanístico.

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