El cuidado como derecho

Una apuesta por unos esquemas de protección colectiva en el marco del derecho al cuidado.

Las propuestas teóricas del feminismo han puesto en discusión la afectación diferencial vivida por las mujeres a lo largo de la historia que se ha acentuado y visibilizado de manera más directa en la presente pandemia. Observamos que en el conjunto de la sociedad existen una serie de actividades y de labores esenciales que permiten el sostenimiento de la vida, estas labores suelen estar  asociadas e impuestas a las mujeres de manera arbitraria, por lo tanto son labores poco reconocidas y por efecto devaluadas, estas labores son las del cuidado, las que permiten el sostenimiento de la vida. El sistema de cuidado en general  se encuentra hoy colapsado y las afectaciones en los cuerpos y vidas de las mujeres cada vez va creciendo aun más, igual que su trabajo diario como cuidadoras de tiempo completo o medio tiempo, esto se traduce en un problema político, económico y cultural para las mujeres donde se acentúa de manera concreta  una brecha y desventaja histórica en comparación con la vida activa de los hombres. 

Existe un desbalance histórico en materia de derechos y de trabajo que no podemos negar, particularmente esta pandemia tiene una característica que ha posibilitado que las discusiones en torno a la realización y vida de la mujeres se pronuncien con más fuerza y sea un foco de interés relevante para todos y todas; y es que ha puesto en el centro el cuidado como práctica fundamental de la vida y una necesidad real para la existencia de todo ser humano donde se profundiza una desigualdad histórica que han sufrido las mujeres en su proyecto de vida, en su vida cotidiana y en la carga excesiva de las labores de cuidado en los escenarios públicos y privados. Retomando lo público como escenario social y lo privado como escenario íntimo del hogar, donde se presentan con mayor acentuación casos de violencia de género y descuido contra las mujeres. 

Siendo el cuidado parte de la desigualdad, son sobre todo las mujeres quienes se encargan de estas labores fuera y dentro de sus hogares, remuneradas o no remuneradas, y la falta de infraestructura del cuidado es un problema fundamental en el ejercicio y desarrollo de una vida digna e igualitaria para las mujeres y esto responde al desarrollo de la economía que ha generado el neoliberalismo hoy impuesto al mundo entero. Ha subordinado a los sistemas de cuidado a intereses privados del mercado en generando un efecto que sobrecarga a las  mujeres e incrementa sus  jornadas de trabajo a tiempo completo dentro de los hogares y fuera de ellos. 

Existen muchas labores profundamente feminizadas que hace que las mujeres se encuentren hoy en día combatiendo una pandemia mundial sin una política social que permita un ejercicio de autocuidado y de distribución material de los oficios igualitaria, en cambio  las ha precarizado y marginalizado y hoy se encuentran estas mujeres sosteniendo la producción y reproducción en nuestra sociedad desde un imaginario romantizado y naturalizado, sin una intervención y acción por parte del estado, los hombres y la economía. 

El cuidado es un concepto que nos permite leer las desigualdades en la sociedad teniendo en cuenta una condición de raza, género y clase que expone de manera directa a ciertas mujeres en específico. Las desigualdades estructurales que vivimos en nuestra sociedad y como las mujeres se están viendo sobrecargadas  de trabajos de cuidado presenta  la ausencia del estado y de los hombres en la distribución equitativa de las tareas del cuidado en el hogar y en la sociedad, hoy enfrentamos una crisis de cuidado por la presente pandemia y ha cambio hay un retorno a las labores cotidianas de reactivación de la económica y del trabajo, esto presenta una condición problemática  ya que no hay una  infraestructura adecuada y necesaria para hacer efectivo el cuidado y aun más, se pronuncia un discurso individualista, descontextualizado, hegemónico  donde se enuncia  “si tu no te cuidas, es tu culpa”  trasladando el ejercicio del  cuidado al ámbito individual donde no se reconoce que en  una sociedad tan desigual como Colombia no todos y todas estamos podemos cuidarnos en las mismas condiciones. 

Las políticas públicas en general no tienen un enfoque de género y tampoco son neutrales, las cifras demuestran que antes de la pandemia existía desigualdad pero se ha acentuado de manera más directa y se refuerzan; existe mayor desempleo, se incrementa el trabajo emocional, se incrementan las labores de limpieza y vemos una estructura diseñada para que las mujeres se carguen de trabajos de cuidado, como ejercicio natural de su existencia.  Como respuesta a estas desigualdades históricas nace la propuesta del sistema nacional de cuidado que emergió en el congreso de la república y que se ha recogido en el plan de desarrollo distrital de Bogotá, sistema que nos permite evidenciar y combatir las desigualdades en asuntos del cuidado existentes entre los hombres y las mujeres siendo Colombia, un país en el cual persisten prácticas políticas, económicas y culturales con valores machistas fuertemente marcados. Bogotá será la primera ciudad en América Latina en implementar el sistema del cuidado, esto como un logro histórico para las mujeres en el plan de desarrollo distrital de 2020. 

El sistema distrital de cuidado está compuesto por múltiples espacios distritales que responden a las necesidades de cuidadoras y cuidadores en la ciudad de Bogotá, esto con el fin de ampliar, organizar y utilizar espacios existentes que ayudan a la minimización de la cargas del cuidado. Entidades como la secretaria de la mujer, la secretaria de integración social y la secretaría de deporte y cultura se articularon para brindar  servicios  y ampliar las estrategias de intervención hacia las cuidadoras y los cuidadores, esto con ayuda y compromiso tanto económico como político entendiendo que este tema nos atraviesa a todos y todas. 

Reconocer, redistribuir y reducir son las banderas que hoy exalta el sistema distrital de cuidado en Bogotá con el fin  de reconocer y generar conciencia de los factores de desigualdad en la sociedad que han generado un desequilibrio en la vida activa de las mujeres en los escenarios públicos y privados;  la redistribución como factor importante en la labores públicas y privadas, no solo se planifica redistribuir estas labores entre los hombres y las mujeres en el hogar, también incorpora el cuidado como deber y derecho fundamental del estado y de la ciudadanía, entendiendo que las labores de cuidado son un servicio  fundamental en la construcción  de  país, siendo un trabajo fundamental el estado tiene que proveer y promover espacios y servicio que cubran necesidades básicas del cuidado que no solo corresponde a un cuestión individual – familiar sino, social y pública; reducir estas cargas es fundamental para promover un buen desarrollo, una vida activa y digna para las mujeres que hoy se encuentran cumpliendo labores extenuantes de servicio remunerado o no remunerado, lo que podríamos llamar doble jornada de trabajo que imposibilita escenarios de ocio, recreación y formación académica. Lo anterior es importante definirlo porque la competencia laboral es desigual, primeramente porque existen valores machistas que se encuentran incorporados en las estructuras y en la cantidad de tiempo que una mujer puede prestarle a su formación académica, haciendo énfasis en sus jornadas de trabajo que se pueden extender en el cuidado de adultos mayores, personas con discapacidad,  menores de edad y trabajos domésticos que no son reconocidos si no desvalorizados. 

La apuesta y  metodología del sistema distrital de cuidado es novedosa y reconoce el cuidado como un derecho fundamental que tiene que ser protegido, promovido y realizable en los planes de desarrollo locales, para ello existen diferentes mecanismos de acción en los principales territorios de mayor necesidad de estos servicios, esto no quiere decir que solo se focaliza los servicios en un tipo de población específica, estos servicios son para toda la población en general pero se pretende priorizar a la población con mayor necesidad de los mismos, como punto de partida que se extenderá en los diferentes gobiernos distritales que incluso pretende extenderse al orden nacional y así atacar de manera significativa las principales causas y brechas de desigualdad en nuestro país. Es deber de la ciudadanía exigir que se promuevan y se protegen estos espacios ciudadanos y de ayuda para los cuidadores y cuidadoras, con el fin de mitigar las afectaciones en su proyecto de vida y de corresponsabilidad en su labores de cuidado esenciales para la vida y de organización de cualquier sociedad y sostenibilidad de los seres humanos, reduciendo el tiempo de trabajo y brindando espacios de formación a estas heroínas que son las cuidadoras.

No es un favor, ¡el cuidado es un deber y un derecho de todos y todas! 

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