El problema de decir “yo sí denuncio a mi agresor”

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Eileen Moreno, actriz colombiana, fue agredida por su pareja. Para visibilizar lo sucedido, subió una foto de sí misma con la mano sobre la cara después de ser golpeada. Muchas personas de buena fe han subido fotos similares con la etiqueta #YoSíDenuncioAMiAgresor, y otras han participado en la campaña para mejorar su rating político, sin hacerle ni cosquillas al machismo e incluso haciéndole juego.

Eileen Moreno, actriz colombiana, fue agredida por su pareja. Para visibilizar lo sucedido, subió una foto de sí misma con la mano sobre la cara después de ser golpeada. Muchas personas de buena fe han subido fotos similares con la etiqueta #YoSíDenuncioAMiAgresor, y otras han participado en la campaña para mejorar su rating político, sin hacerle ni cosquillas al machismo e incluso haciéndole juego.

La campaña aunque loable, tiene varios errores que reproducen las violencias contras las mujeres. En primer lugar, la etiqueta. Decir que uno sí denuncia a su agresor es ponerle la carga de la justicia a la víctima. Yo sí denuncio a mi agresor es decir que uno, a diferencia de otras mujeres, merece justicia. Además, está basado en el supuesto de que la justicia en Colombia no es machista y que la impunidad en casos de violencia contra mujeres no es más alta que en otros crímenes.

Las mujeres que lean este artículo y hayan decidido denunciar sabrán que cuando uno denuncia a su agresor accede a todo menos a la justicia. En primer lugar, la culpa se transfiere a la agredida. Todo el mundo la cuestiona: su círculo cercano, el abogado, sus amigos y la Fiscalía. “¿Cómo no lo denunció antes?, ¿por qué siguió con él?, usted se dejó pegar.“

Esta violencia que se vive en casa, en el barrio y luego en los órganos de justicia se llama continuum de violencias. La violencia institucional desincentiva la denuncia de las mujeres y con razón, no hay nada peor que salir con el alma destrozada porque los hombres gozan con el privilegio de los prejuicios machistas de quienes imparten justicia.

Las mujeres no recibimos apoyo adecuado, no contamos con la misma autonomía económica ni psicológica y, en algunos casos, los hombres en un cinismo ahondado por la impunidad nos denuncian por injuria y calumnia. Yo sí denuncio a mi agresor quiere decir que yo sí merezco justicia y las que no se atreven a denunciar, no la merecen. Nada más alejado de la realidad. La justicia debería investigar los golpes con o sin denuncia interpuesta y nunca debería exigirle a una agredida que pruebe su agresión. ¿Por qué? Porque las mujeres nos sentimos paralizadas para denunciar, tememos la reacción del agresor y de la justicia y además es tremendamente doloroso revivir heridas en el escarnio público.

Además de lo descrito, en la campaña puede participar todo el mundo porque este tipo de campañas no atacan las causas de las violencias sino solo los problemas. Marta Lucía Ramirez puede poner una foto tapándose el ojo y a la misma vez discute la apertura de un ministerio de la familia para promover la idea de familia biparental, heteronormada en parte la que refuerza las violencias contras las mujeres. Historiadoras como Gerda Lerner han estudiado la relación que existe entre la creación de la familia y la propiedad privada con la violencia contra las mujeres.

La familia refuerza la creencia de que las mujeres debemos ser devotas a los demás, debemos trabajar por amor a los demás (que como dice Silvia Federici es otra forma de trabajo gratis) y nos da un lugar en el mundo. Se es mujer en tanto que se cría y se forma una familia. Quien se salga de esa linea es anormal, quien no encaje es lanzada al ostracismo.

Es muy fácil para la vicepresidenta del país hablar de la violencia física o sexual que vivimos las mujeres (la punta del iceberg) y olvidar las violencias económicas, psicológicas y sociales (la base del iceberg). La charlatanería habla de las consecuencias, pero los problemas se solucionan discutiendo las causas. Taparse un ojo no requiere discutir la feminización de la pobreza, ni la brecha salarial, ni el trabajo gratis que realizamos las mujeres, ni la vulnerabilidad social en la que estamos; caldo de cultivo de la violencia física y sexual. Taparse un ojo como lo hace la vicepresidenta no requiere voluntad política de erradicar las violencias.

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