Hambre y miseria por doquier

La encuesta “#MiVozmiCiudad”, de la Red de Ciudades Cómo Vamos y la Fundación Corona, recogió la opinión de más de 60 mil personas en 36 capitales y municipios principales del país, tomando la percepción sobre las ciudades en plena pandemia (las labores de campo se realizaron entre los días 21 de julio y 18 de agosto de 2020). Los resultados de las opiniones no pueden ser más desalentadores pero se ajustan a la situación que viene planteando la opinión pública, los medios alternativos, e incluso hasta los grandes medios de comunicación oficialistas, alrededor de esta crisis. La percepción de lo mal que van las cosas crece cada día, como resultado de la carencia de buenos empleos, la caída en los ingresos y la escasa ayuda que recibe la población por parte del Gobierno, lo que ha conducido a millones de personas a padecer hambre y a considerarse como pobres. Este aumento en la percepción de ser pobre es la representación más dramática de lo mal conducido que está el país. El candidato presidencial Jorge Robledo ha catalogado el desempleo como un crimen, en un documento del pasado 25 de septiembre: «El desempleo es de lo peor que puede pasarle a las personas y familias. Porque significa pobreza y miseria, hambre y desnutrición, techo muy precario, grandes carencias en salud, educación y recreación, alta corrupción y fuerte deterioro ambiental», escribió. 

Este diagnóstico se refleja en la encuesta en mención, que se hizo cuando el desempleo estaba en el 20,5%, pero tiene maquillado, entre otros, a un grupo de 16 millones de personas inactivas, que estando en edad productiva se cansaron de buscar trabajo, los cuales no se encuentran ni en el rebusque. Los encuestadores les preguntaron a los ciudadanos si durante la cuarentena algún miembro de la familia había perdido el empleo. La ciudad donde menos perdieron fue Quibdó, con 59% y en la que más perdieron fue en Cartagena, con 71 %. Lo de Cartagena es diciente porque la población vive, casi que de forma general, de los puestos informales mal remunerados que produce el turismo. Otra pregunta que mide la situación real de los hogares fue sobre sus ingresos, cuya respuesta es que «no les alcanzan» entre el 35% en Pereira y el 59% en Montería, con intermedios como Cartagena (53%), Barranquilla (52%) y Bogotá (40%). Y otra interrogante clave fue sobre si las personas se consideran pobres, con una respuesta que tiene que llevar a recapacitar a los gobernantes: La percepción de pobreza fluctúa entre el 20% en Manizales y el 46% en Quibdó y Montería, pero con conglomerados pobres tan grandes como: Cartagena (44%), Barranquilla (41%), Santa Marta (40%), Cúcuta (39%), Bucaramanga (35%), Medellín (33%), Armenia (31%), Cali (30%), Bogotá (29%) y Pereira (22%). 

Esta última respuesta nos muestra un país empobrecido, víctima más que de la pandemia, del modelo neoliberal que no tiene entre sus postulados la distribución de la riqueza, sino por el contrario, su concentración en unas cuantas manos —léase monopolios, oligopolios y linces del sector financiero— quienes vía abaratamiento de la mano de obra y arrasamiento del aparato productivo nacional para dar paso a los productos importados, generan un desempleo estructural y lanzan a la población a la informalidad y el rebusque. Por eso el Comando Nacional de Paro programó su próxima gran jornada para el 21 de octubre de este año. ¡El pueblo se hará sentir!

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