La injerencia gringa

Estados Unidos, el más poderoso imperio de la historia de la humanidad, se encuentra hoy en decadencia, aspecto que lo convierte en más agresivo contra sus aliados y enemigos, buscando recomponer su situación económica. Esta recolonización de territorios y/o mercados, que ha denominado eufemísticamente globalización, se hace con la imposición del modelo neoliberal para exacerbar las ganancias de los poderosos, incluida la fuerza si existe oposición. En hechos recientes, EEUU ha agredido a Taiwán, Hong-Kong, Afganistán, Irán, Siria, Ucrania y Bielorrusia, y a través de sus aliados israelíes golpea a Palestina. Emprendió la guerra comercial contra China, desplegó el Comando Sur en el Caribe y bloquea a Cuba y Venezuela. Su unilateralismo lo concreta retirando la financiación a la Organización Mundial de la Salud (OMS), convirtiendo la vacuna y los medicamentos para la COVID-19 en negocio privado, paralizando la Organización Mundial del Comercio y abandonando Acuerdos como el de París sobre el calentamiento global, el nuclear con Irán, de la FAO, del Comité de Derechos Humanos de la ONU, de armas nucleares de mediano alcance, de cielos abiertos y de vigilancia de la fabricación de armas nucleares. Tiene a la OEA a su servicio para interferir contra la soberanía de las naciones de América.

En este contexto se relaciona Colombia con EEUU, que utiliza la doctrina del secretario de Estado del presidente Dwight Eisenhower, John Foster Dulles, que sentenció: «EEUU no tiene amigos; solo tiene intereses». Los “patriotas” de la burguesía intermediaria criolla echan el cuento de que EEUU es «un gran amigo», soslayando que es la mayor traba para el desarrollo de Colombia. Con un  “I took Panama”, el presidente de ese “aliado”, Theodore Roosevelt, notificó a los colombianos que se había robado a Panamá, franja estratégica del territorio que usufructuó por más de un siglo. Le imponen una deuda externa de 145 mil millones de dólares, que representa el 49.1 % del Producto Interno Bruto. Con el TLC, Colombia pasó de un superávit a un déficit comercial de -13.740 millones de dólares, importando alimentos, manufacturas, bienes intermedios, vehículos, entre otros, y firmó contratos de explotación energéticos y mineros, de inversión en servicios públicos y comunicaciones, en condiciones leoninas. El ingreso a la OCDE es para ajustar la economía nacional y conculcar los derechos de la población, a las necesidades de ese imperio. A lo anterior se agrega la permanencia en Colombia de sus tropas que cometen violaciones denunciadas que siguen en la impunidad, implantación de bases militares y presión de sus embajadores a las personalidades y entidades públicas. Colombia sigue siendo su patio trasero, lo que beneficia a un puñado de vende patrias. 

El 14 de este mes, el vicepresidente de EEUU, Mike Pence, presionó a la Corte Suprema de Justicia para que liberara al expresidente Álvaro Uribe, a quien tiene  bajo arresto domiciliario. Luego el 17 vino a Colombia el Asesor de Seguridad Nacional, Robert O’Brien, a imponer lo que el Director de la Corporación Financiera de Desarrollo Internacional, Adam Boehler, denominó el “nuevo Plan Colombia” para el desarrollo económico y la seguridad, pero además se llevaron el respaldo al candidato de Trump a la presidencia del Banco Interamericano de Desarrollo, Mauricio Claver-Carone. ¡Es por estos actos que respaldan a sus lacayos, disfrazados de «patriotas»!

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