La juventud, una carrera de obstáculos sin un final feliz [Parte 1]

Este primer artículo hace parte de una trilogía de escritos sobre la situación de la juventud en el contexto del paro nacional. El primero sintetiza la situación de la juventud, el segundo relata la relación entre las exigencias del Comité de Paro y las necesidades de los jóvenes, y el tercero culmina con una reflexión sobre la necesidad de la organización juvenil.

La vida la juventud colombiana, más que una película de Hollywood, parece una pista de obstáculos. Es una carrera por la supervivencia, una competencia desgarradora por evitar al máximo caer en las arenas movedizas de los ninis (quienes no estudian ni trabajan). La primera etapa la constituye superar la educación básica y media. De cada 100 niños y niñas que ingresan a primero de primaria sólo 44 logran graduarse en educación media [1], formando un primer grupo que no concluye sus estudios y del que algunos terminan en el analfabetismo o en el trabajo infantil. El mercado laboral es particularmente agresivo con este grupo de personas: presentan las mayores tasas de desempleo y los peores salarios o, en el caso de muchas mujeres, las relega casi indefinidamente a labores del cuidado no remuneradas [2].

El segundo grupo es el que lucha para terminar la educación secundaria y, en particular, la educación media. Desde los doce años comienza a crecer la proporción de niños, niñas y jóvenes que desertan del sistema educativo. El pico de esta realidad ocurre a los quince años, cuando muchos niños se ven forzados a buscar empleo, abandonando la educación media, que es la que permite el paso a la superior. Y además, muchos no logran conseguir un trabajo y engrosan desde los doce años las filas de ninis en el país. El punto más alto de esta situación ocurre a los 18 años donde 1 de cada 3 jóvenes padecen esta condición [3].

El tercer grupo es aquel que logra acceder a la educación superior, pero deserta. De estos 44 jóvenes que logran graduarse de la educación media, la mitad logran logra acceder a la educación superior (veintidós), pero la mitad de ellos desertan (quedando once). Este grupo de desertores generalmente quedan con las deudas de los semestres cursados y con la frustración suya y de sus familias de un futuro no alcanzado. Lo más delicado de esta deserción es que no siempre implica un ingreso al mercado laboral: «del total de jóvenes desempleados un 72,9% tan solo había culminado la etapa de formación secundaria» [4]. Dadas las precarias condiciones de los hogares, miles de jóvenes se ven forzados a abandonar los estudios y se encuentran con el desempleo y, en el escenario menos malo, con algunos trabajos en el sector informal de la economía.

El quinto grupo de jóvenes lo constituyen quienes logran graduarse de la educación superior. Pese a ubicarse generalmente en el sector formal de la economía (después de meses de búsqueda laboral), para la inmensa mayoría predominan las formas de contratación del sector informal: inestabilidad laboral, alta rotación de empleos, trabajos o cargos no relacionados con los títulos y remuneraciones debajo de las expectativas cultivadas durante años de arduo estudio. Es decir, son relaciones informales precarizadas dentro de la economía formal. Dado el incremento en cobertura en educación superior desde el 2002, la economía colombiana, en su mayoría informal con algunos pocos islotes de economía formal y moderna, aprovecha la oferta creciente de profesionales para ofrecer salarios menores y promoviendo la precarización laboral. Este fenómeno cuestiona la idea de una expectativa de vida mejor gracias a una mayor formación académica. Valga resaltar que existe un sexto grupo creciente de jóvenes (en el que me incluyo), que está acumulando estudios posgraduales -con sus respectivas deudas- con la expectativa de mejores condiciones laborales y mejores ingresos, pero que rápidamente estamos quedado «sobrecalificados» para una economía sin producción con alto valor agregado, pero con una balanza cambiaria que dispara las deudas en dólares de quienes estudian y estudiaron en el extranjero [5].

La situación de la juventud colombiana es delicada. Es una carrera de obstáculos para no caer en las aguas ninis donde se haya un 42% de las mujeres jóvenes y un 23 % de jóvenes hombres donde se encuentran desde profesionales hasta niños y niñas en analfabetismo [6]. Lo peor de todo es que el final de la pista (la educación superior), después de un recorrido tortuoso y costoso de alcanzar, no se está cumpliendo para la inmensa mayoría las expectativas de un empleo formal y con ingresos decentes. Para la juventud la única certeza es la incertidumbre. Muy seguramente esto explica la diferencia de 6,2 puntos porcentuales en la proporción de suicidios con respecto a la población general; un final, lejos de ser feliz [7].

Una tragedia para la juventud que se pudo evitar [Parte 2].

[1]. http://www.colombiajoven.gov.co/prensa/SiteAssets/construye-con-nosotros-el-documento-conpes-para-fortalecer-el-desarrollo-integral-de-la-juventud/2021-04-21%20Documento%20CONPES%20Juventud_VDiscuci%C3%B3n%20p%C3%BAblica.pdf
[2] Ibid.
[3] Ibid.
[4] Ibid.
[5] https://es-la.facebook.com/acreescolombia/photos/a.1703791359949801/2511555095840086/?type=3&theater
[6] https://www.dane.gov.co/files/investigaciones/genero/informes/informe-panorama-sociodemografico-juventud-en-colombia.pdf
[7] Ibid.

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