La tragedia diaria de Colombia

Uno de los principales logros malévolos de la dirigencia colombiana es haber acabado con la capacidad de asombro y reacción contra las tragedias diarias, que en su mayoría son causadas por las omisiones o las actuaciones de esos gobernantes que han demostrado hasta la saciedad que actúan en beneficio de los intereses de multinacionales y el capital financiero internacional e incluso en provecho propio, de su grupo familiar o movimiento político. Cada día la población asiste a un nuevo drama revelado por los medios de comunicación, especialmente los alternativos y redes sociales, puesto que los grandes solo funcionan para los detentadores de ese poder, haciendo un periodismo «light», por no decir «rodillón», alienante y manipulador, que sigue mostrando a los victimarios como a estadistas. La vida vale menos que nada: los asesinatos de líderes sociales, masacres, accidentes, caídas de edificaciones y de puentes, derrumbes, destrucción de carreteras, y con un invierno anunciado cíclicamente, vienen las inundaciones a aumentar el drama colectivo. Esto sin contar los más de 36 mil colombianos masacrados por la pandemia, en cuya gestión Colombia es uno de los diez peores países en todo el mundo.

Apacibles, los colombianos vieron los cuadros dantescos que dejó el paso de las tormentas tropicales Eta e Iota, esta última convertida en huracán categoría 5 en el archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina, cuyo cruce fue anunciado con antelación, como lo asegura a El Espectador de este 20 de noviembre Elizabeth Taylor, exdirectora de la Corporación Coralina de San Andrés y Providencia: «Durante décadas el país ha sido testigo, y algunas veces víctima, de cientos de tormentas tropicales a lo largo del Caribe y la conclusión en las pequeñas islas del Caribe siempre ha sido la misma: Destrucción (…) Hay que crear escenarios de vida para las poblaciones vulnerables, como la raizal (…) Esto no es algo nuevo para la ciencia ni para Colombia, porque ya ha habido muchas situaciones de estas en la región del Caribe a lo largo de los años que nos deberían enseñar una lección (…) En 2005 —que fue un año muy parecido al 2020, porque se presentaron más de 27 tormentas en el Caribe— pasó una tormenta tropical muy cercana a Providencia que en pocas horas se convirtió en un huracán categoría 1 y devastó más del 80 % de la isla», dijo. Las inundaciones de Iota dejaron al menos 5 personas muertas en Colombia, de las 40 entre Centroamérica y Suramérica. Duele ver la destrucción total de Providencia, sólo por fortuna, destreza y capacidad de resistencia de la población no hubo más víctimas humanas, y duele que lo mismo sucede con el Chocó, Cartagena y Cúcuta, entre otros territorios. 

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La actitud del Gobierno nacional siempre es reactiva, llamando a la solidaridad de la cual son orgullosos los colombianos, pero como dice el senador de Dignidad, Jorge Robledo, los desastres naturales son sociales y económicos, pues la penuria recae en la población más pobre. La naturaleza siempre va a actuar, lo que toca es prevenir sus consecuencias. No puede ser posible que Providencia haya durado 24 horas totalmente incomunicada, aislada por completo. Sabiendo lo que iba a pasar, el Gobierno no organizó refugios, ni dotó de teléfono satelital, ni de plantas de energía, ni previó hospitales. Afortunadamente la cercanía de San Andrés está posibilitando la atención a la población. ¡Con una tragedia diaria, Colombia se derrumba!

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