Los hijos del desorden

Eran unos muchachos que rondan los años 20, encontrándose en grupos de 4 personas en adelante. Parece esto normal pero sus temas de conversación no lo son ni los sitios que frecuentan.

Hablan de sus autores, filósofos, poetas y personajes que motivan el pensamiento acompañados de bebidas fermentadas caseramente algunos tienen instrumento y calientan su palabra en símbolo de hermandad discutiendo el entorno político y social que los rodea.

Hay una única regla: los hijos del desorden creen en el respeto, la autogestión y el arte como instrumento de denuncia, el compartir sin interés alguno conocimiento siendo ellos mismos.

II

Las ganas esclavas de tocar cuerdas, ocupando la mano.

¡Mira esto también!

Las ganas esclavas de recurrir a la palabra, pintando imágenes.

El encierro nos termina haciendo locos, y locos son pinceles que hablan por los muertos.

La gana esclava de ser el hijo del desorden que aún cree en el respeto, agonizando su morbosidad en cambiar el mundo, matarse de forma alfabética o asesinar simbólicamente cargas. Plasmando denuncias, voces, experiencias y sensaciones. Callando a multitudes y hablando en quietudes.

Siempre habrán ganas esclavas de morir, pero disfrutando lo que queda de vida haciendo expresiones para sí mismo.

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