La trascendencia de la Mujer en la Comunidad indígena Comcáac

Nuestra búsqueda por conocer y documentar las historias más profundas de la rica y diversa cultura indígena Mexicana nos llevó a la comunidad Seri, ó Comcáac, como prefieren que les llamen. Tuvimos gran interés en esta comunidad pues a diferencia de los Aztecas o Mayas, no existe gran conocimiento internacional  sobre su cultura y en realidad no sabíamos con qué nos íbamos a encontrar. Acompañados de nuestra furgoneta, cámara y grabadora llegamos a Punta Chueca, ubicada en la costa del desierto de Sonora para encontrarnos con una comunidad llena de mujeres fuertes y empoderadas con un rol muy importante tanto en el hogar —proveyendo para sus familias— como en la preservación de su cultura y tradición. Esta particularidad cultural es muy evidente durante uno de los rituales más importantes de la comunidad, la Celebración de la pubertad. 

La primera interacción que tuvimos fue con un grupo de artesanas, que con sus atuendos tradicionales se dirigían al punto de embarque y desembarque de los turistas que realizan el recorrido por la famosa isla Tiburón, la tierra prometida de los Comcáac. Las mujeres se amontonaron alrededor de los visitantes ofreciendo sus artesanías tradicionales que incluyen collares elaborados con conchas, caracoles y vértebras de animal, al igual que canastos tejidos y muñecos. 

En adición a la venta de artesanías, la comunidad organiza una demostración de canto y danza tradicional donde también es la mujer quién lidera el evento: se suben a una pequeña tarima de un metro por un metro bailando las danzas ancestrales. Podíamos observar en sus rostros la fortaleza que es muy común hallar en comunidades con liderazgo femenino o matriarcado. Las niñas más jóvenes no se quedaban atrás, habían algunas que con aproximadamente unos 11 o 12 años ya realizaban artesanías e iban a ofrecerlas a la llegada de las lanchas. Hablando con una de ellas nos contó que la elaboración de este producto le tomaba alrededor de una semana. ¿Su precio?, irrisorio para un trabajo tan arduo. Otra chica un poco mayor, de 15 años, era una de las guías turísticas principales y acababa de ganar una beca del gobierno para continuar sus estudios. 

Rápidamente nos hicimos amigos de este grupo de mujeres que nos sonreían sin abandonar su rostro de severidad, esa noche empezaba la intensa celebración de cuatro días de la fiesta de la pubertad. Esta celebración conmemora la transición de niña a mujer y se celebra cuando alguna de ellas cumple los 12 años. Fuimos invitados a presenciar este ritual, con gran curiosidad y sintiéndonos privilegiados de poder ser parte de esta tradición nos unimos al grupo en la casa de la madrina, donde se acostumbra a realizar el evento.

A nuestra llegada algunas caras de asombro y sorpresa se encontraron con nuestras miradas pero rápidamente fuimos invitados a unirnos al juego tradicional, proveniente de los gigantes, según cuentan sus habitantes. Este juego consiste en un círculo hecho con cactus que van de cinco en cinco, tres carrizos (un tipo de caña) pintados por un lado y varios palos con cintos de colores que diferencian a cada participante. Mientras nos integramos buscando entender el juego, la madrina se acercó y nos pidió que mentalmente ofreciéramos nuestros buenos deseos para la niña a punto de ser mujer. Solo habían mujeres alrededor del círculo, mientras los hombres por su parte, en una esquina del patio y vestidos con ropa moderna, jugaban a encontrar el palo escondido entre la arena de uno de cuatro carrizos. 

Se sentía el aire de festejo. Mientras todos los asistentes reían y bromeaban en lengua Comcáac, a un lado del círculo se encontraba la festejada en una cabaña aparte hecha de ramas. Nos explicaron que no se le permite unirse a la celebración hasta el último día, cuando le pintan la cara y vestida con su traje de los colores tradicionales se une al círculo celebrando hasta el amanecer. Ese día, es el único donde se permite comer carne o pescado. Al salir el sol, la madrina lleva a la niña al mar, a quien con el agua hasta las rodillas le moja la cabeza, símbolo de pureza y buena suerte en su vida adulta, le corta un mechón de pelo como símbolo de independencia. Es en ese momento que se convierte en mujer.

Esta bella celebración va acompañada de sentidos cánticos ancestrales entonados por las mujeres mayores, varios de los cuales están dedicados a la mujer, otros son de celebración en general, e incluso hay sobre la historia de la creación del universo. Durante los cuatro días, dos de ellas hicieron turnos para acompañar la celebración sin pausa alguna por alrededor de 12 o 13 horas diarias y casi 24 horas el último día. 

Todos los alimentos ofrecidos en la celebración son preparados en una cocina a leña y no se le permite a los padres o a las madrinas comer los mismos alimentos que el resto de los asistentes, ni preparar en el fuego que se hace para la celebración. Ellos deben traer alimentos de su casa o prender un fuego aparte para cocinar. Para la comunidad Comcáac es muy importante respetar la separación de los alimentos pues lo consideran una maldición si no es acatado. 

Estos días que pasamos con la comunidad pudimos ver la importancia de la mujer para preservar las tradiciones de los Comcáac, en toda la organización de la Celebración de la pubertad eran las mujeres las que lideraban el ritual y fue claro para nosotros que sin ellas estas tradiciones morirían. Su gran fortaleza estaba grabada en cada uno de sus rostros, desde la madrina encargándose de hasta el más pequeño detalle, hasta las niñas que nos enseñaban palabras en lengua Seri, o nos explicaban el significado de los cánticos tradicionales. Definitivamente una celebración del inmenso poder de la mujer.

*Fotografías por Antonio Cascio (en Instagram como @antonio.photografree)

Poscast

El tema de este reportaje lo tratamos en el primer capítulo de 2020 de nuestro Podcast Radio Rodando, en el que conversamos con Rene Montaño, un integrante de la comunidad indígena Comcáac, quien dedica su tiempo a la recuperación de la tradición oral de esta comunidad ubicada en Punta Chueca, desierto de Sonora, al norte de México. Conversamos sobre sus tradiciones, la importancia de la Isla Tiburón como tierra prometida y ecosistema para la humanidad, su cultura y su trabajo para mantener su tradición oral.

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