La clave de la información local

Por qué la reforma tributaria NO es “estructural”

0

La crisis fiscal es una manifestación de los problemas económicos del país. Entre 1990 y 2016 el país ha hecho 13 reformas tributarias, ¡cinco en los últimos 6 años del actual gobierno! Este hecho desdibuja la tesis de que la propuesta de Reforma es una respuesta que obedece principalmente a la caída de los precios del petróleo. ¿Cuáles son las causas (esas sí estructurales) de la crisis?

Producto de las políticas económicas implantadas en la nueva Constitución -apertura económica y reducción unilateral de aranceles, flexibilización del flujo de capitales extranjeros al sistema financiero nacional, privatizaciones que, a la larga, disminuyeron la renta del Estado, entre otras- se cocinó la crisis financiera más importante en la historia del país en el año 1999, donde el PIB decreció 4,5%. En esa década la industria decreció el 13%, las cadenas de los bienes industriales intermedios quedaron casi extintos, se perdieron un millón de hectáreas de productos agrícolas, el desempleó alcanzo el 20% y 800 mil hogares perdieron sus viviendas.

Colombia empezó a cosechar un claro deterioro de sus cuentas externas, principalmente en la balanza comercial, el país importaba más de lo que exportaba y necesitaba apalancarse para financiar los dólares que no producía y que le hacían falta. La estrategia para ese apalancamiento se consignó en los acuerdos Stand By con el FMI, adecuando nuestra economía para atraer el capital extranjero, convertir la inversión extranjera directa en el factor de cierre (el determinante) de la economía.

Las reformas al código minero, la reducción del pago por regalías, sacar a Ecopetrol como socio incondicional de las operaciones de las petroleras foráneas, eliminar el impuesto de 7% de remesas, las reformas de flexibilización laboral, los contratos de estabilidad jurídica y las zonas francas fueron parte fundamental de la estrategia para atraer ese capital extranjero en forma de inversión extranjera directa.

La estrategia funcionó: entre el 2000 y el 2015 ingresaron al país $131.400 millones de dólares. Lo que se escondió, con la cortina de la euforia por los altos precios internacionales del petróleo y los minerales, es que la renta de esa inversión era mayor (como debía de esperarse) a lo que estaba ingresando. Para el mismo período la plata que salió del país como renta de la inversión extranjera fue de $158.427 millones de dólares. Es decir, cada dólar rentaba el 20% en renta bruta de inversión, un rendimiento extraordinario. Una economía bulímica, que expulsa más capital del que le ingresa.

Esto repercutió en un deterioro recurrente de las cuentas externas del país, es decir, en la relación de sus ingresos (exportaciones, inversión extranjera, créditos (deuda externa), remesas de los nacionales en el exterior) versus sus egresos (importaciones, pago de servicios de deuda, retorno de la inversión extranjera, trasferencias). Para el año 2003, el déficit de las cuentas externas representaba el 1,2% del PIB, para el 2010 alcanzó el 3,1% del PIB, en el 2013 llegó a representar 3,2% y en 2015 un escandaloso 6,5% del producto interno bruto, algo así como $19500 millones de dólares o 60 billones de pesos de déficit. La caída de los precios del petróleo acelera dicho deterioro, pero el modelo ya venía sembrando su fracaso desde el comienzo, pues la inversión extranjera no es una fuente gratuita de capital, es un pasivo que tarde o temprano se paga.

Financiar este modelo ha resultado muy oneroso, el país ha tenido que endeudarse para pagarlo. En quince años la deuda bruta del sector público no financiero pasó de 70 billones de pesos (año 2000) a 450 billones de en el 2015. Según el presupuesto aprobado por el Congreso de la República para el año 2017 vamos a endeudarnos en 51 billones, para para pagar servicio de la deuda de 52 billones, es decir pagamos para endeudarnos y nos endeudamos para pagar, con el agravante de que el pago del capital más intereses crece como bola de nieve.

La Reforma propuesta no es estructural, no puede serlo si no ataca el origen de la crisis productiva del país, si no cuestiona el modelo que ha sembrado el déficit en la cuenta corriente, si no contempla medidas económicas para reactivar el ahorro nacional y el aparato productivo industrial y agropecuario.

Adenda: otro capítulo muy importante en esta discusión es que entre los gastos generados por este modelo están cerca de 69 billones de pesos calculados como costo fiscal de los beneficios tributarios para atraer el capital extranjero. Necesitaremos otro artículo para detallarlo.

[socialpug_author_box]