El POT de Peñalosa: menos ambiente más negocios

Uno de los asuntos más preocupantes del nuevo Plan de Ordenamiento Territorial (POT) de Peñalosa es la eliminación de la noción de Estructura Ecológica Principal (EEP).

La EEP es un concepto que se refiere a la continuidad de los ecosistemas que contienen y conservan la biodiversidad; un ecosistema se refiere no solo a las condiciones físicas y químicas del entorno, sino también a los organismos vivientes que ahí habitan1. Bogotá cuenta con diferentes ecosistemas con alto valor ambiental y biológico, como los Cerros Orientales, la Reserva van der Hammen, el Río Bogotá y sus numerosos humedales. La existencia de uno de estos ecosistemas depende de los otros, tanto por su geomorfología e hidrología, como por la conectividad de las especies animales y vegetales que conforman parte integrante de ellos2.

A partir de este concepto, el ordenamiento de una ciudad tiene que contemplar y considerar como un conjunto sus ecosistemas estratégicos y proporcionar las directivas e indicaciones sobre su restauración y su manejo adecuado con el fin de promover la conservación de la biodiversidad y la preservación de los ecosistemas.

Este concepto crucial desaparece con el nuevo POT de Peñalosa y es reemplazado por una ambigua noción de Estructura Ambiental y de Espacio Público que, según la alcaldía, surge para “articular las funciones prioritarias de conservación con las recreativas”, como señala el POT de Peñalosa. De acuerdo a la lógica de la alcaldía, se presenta una identidad total entre la recreación y la conservación, como se manejó en la modificación de la Política de Humedales (decreto 565 del 20 de octubre), para permitir ciclorutas y senderos de pavimento en los humedales de la ciudad2. Idénticos argumentos se han esgrimido para urbanizar la reserva van der Hammen: con este enfoque de la administración distrital un cualquier espacio público, sean alamedas, parques, plazoletas incluso espacios públicos de circulación cumpliría las mismas funciones que una reserva ambiental.

Esta modificación no es menor, ya que nos impondrá la visión de ciudad de Peñalosa durante 12 años, equiparando ecosistemas estratégicos con cualquier zona pública y permitiendo así la incorporación de zonas pavimentadas (ciclovías, senderos, canchas de fútbol sintéticas, etc) en los ecosistemas que debemos proteger para la sostenibilidad ambiental de Bogotá, comprometiendo severamente los ya desprotegidos ecosistemas existentes, incorporando algunos de ellos al negocio inmobiliario y a la especulación con el valor del suelo, ya que con el POT viene toda una adecuación del entramado ambiental de Bogotá, facilitándole a las empresas constructoras la realización de proyectos inmobiliarios en zonas con dinámicas ecológicas complejas.  

1) Alfonso Pérez Preciado. La Estructura Ecológica Principal de la Sabana de Bogotá, Sociedad Geográfica Colombiana, Recuperado de: https://www.facatativateamo.com/pdf/institucionales/Fallas_en_Cundinamarca.pdf

2) Thomas van der Hammen. Plan Ambiental de la Cuenca Alta del Río Bogotá, Análisis y Orientaciones para el Ordenamiento Territorial, 1998. Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca.

3) El Espectador, ¿Ciclorrutas y senderos en los humedales de Bogotá?, 29 de Octubre 2017, Recuperado de: https://www.elespectador.com/noticias/bogota/ciclorrutas-y-senderos-en-los-humedales-de-bogota-articulo-720470.

A %d blogueros les gusta esto: