Rappi ¿innovación del siglo XIX?

El caso del modelo de negocio establecido por Rappi, en vía al mismo esquema de Uber y otras plataformas digitales, es vociferado por medios de comunicación, expertos en “liderazgo” y por el mismo Iván Duque (desde el prisma de la economía naranja) como un exitoso emprendimiento, o “unicornio” por su valoración de $1000 millones de dólares en el proceso de capitalización.

La operación de Rappi abarca 6 países, donde opera en 30 ciudades. La compañía cuenta a 2018 con 26500 trabajadores, de estos, 1500 son trabajadores administrativos (los únicos que la empresa cuenta como trabajadores formales) y cerca de 25000 son repartidores, o rappitenderos. La expansión de cobertura y la capitalización por el grupo japones SoftBank Group y SoftBank Vision Fund hasta por $1000 millones de dólares para tecnología confirman un innegable auge de este negocio. La pregunta que surge al respecto es ¿cuál es la raíz del éxito de la compañía?

Los discursos señalan la innovación y emprendimiento de la compañía como su claro éxito. Es cierto, el éxito de Rappi parte del ingenioso mecanismo de utilizar una plataforma digital para evadir responsabilidades laborales, negar derechos básicos de los trabajadores y promover ingresos de miseria para personas excluidas del sector económico formal, que son millones en los 6 países latinoamericanos que opera (Colombia, Argentina, Brasil, Chile, México y Uruguay).

De innovador no tiene nada. El mecanismo de ganancia, como en los demás negocios, fue explicado desde el siglo XIX por Karl Marx en el tomo I y se recopiló en el tomo III sobre la extracción de plusvalía (trabajo realizado y no remunerado al trabajador) y las tasas de ganancias del capital invertido. Rappi consolidó una aplicación que permite conseguir mayor extracción de plusvalía relativa y desempolvó viejos mecanismos de explotación laboral para extraer plusvalía absoluta.

Retomando cada una de las definiciones anteriores, debemos partir de la fórmula de ganancia del capital que equivale a:

La ganancia (g’) corresponde a una relación entre la plusvalía del sector económico (p) y el capital constante (c) y variable (v). Es decir, la ganancia de un negocio parte de la capacidad que tenga para aumentar ingresos que provienen del trabajo realizado pero que no se le retribuye como salarios o ingresos al trabajador (p) y también aumentan las ganancias cuando se reduce el gasto tanto en el capital invertido en maquinaria, equipos y tecnología (c) como cuando se reduce el gasto en mano de obra (v) [1].

Rappi consigue aumentar el valor de plusvalía (p) de dos maneras. En primer lugar, de los pagos por el servicio del domicilio, que se cobra al consumidor final, el domiciliario recibe menos del 38%, lo demás lo acumulan los dueños de la plataforma. Al pagar menos por el trabajo realizado se explica la extracción de plusvalía relativa.

Por otro lado, existe un mecanismo de “tasa de aceptación” en la aplicación. Esto implica que se deben hacer entregas continuas y en los tiempos especificados para que la plataforma vuelva a referir pedidos a cada rappitendero. Ese mecanismo genera jornadas laborales hasta de 12 horas para quienes viven a diario de ese sustento y no pueden perder la reputación. Ampliar la jornada laboral, aumentando horas de trabajo diarias se entiende como plusvalía absoluta.

En lo que respecta al capital variable (v), o gasto por trabajador, Rappi exprime al máximo el concepto de flexibilización laboral. Para la empresa los tenderos no son trabajadores, sino “emprendedores independientes”, por lo tanto, no debe tener ninguna relación salarial, ni garantizarles aportes a salud, pensión ni riesgos laborales. Su forma de asociación se hace más precaria al no poder conformar un sindicato de empresa y no poder exigir por este mecanismo garantías laborales.

Finalmente, el gasto principal de Rappi recae sobre la inversión en capital constante (c). Esto se reduce a la plataforma digital y a los gastos que incurre para administrarla en cada ciudad y en los acuerdos con los restaurantes y locales. Este gasto ha sido cubierto con inyecciones de capital como el del grupo japones. El ahorro proviene de que al tendero no debe surtirlo con maquinaria ni tecnología alguna. La empresa no gasta ni en la bicicleta o motocicleta, ni en repuestos o reparaciones que requiera, tampoco en las maletas ni en el celular y los datos que debe poner el trabajador de manera íntegra.

Al cruzar las tres variables (p, c y v) es claro que las ganancias solo pueden aumentar, y así está siendo, con crecimientos en demanda por todo el continente. Para 2018, Rappi Colombia tuvo ingresos por encima de $77 mil millones de pesos. La empresa no reporta ganancias, pero como los mismos directivos de la empresa reconocen, es porque están reinvirtiendo todo para ampliarse y llegar a nuevos lugares, como Perú donde esperan operar en poco tiempo.

Las contradicciones no se hacen esperar. Las protestas de la semana pasada en Bogotá por parte de los trabajadores tenderos solo son un ejemplo de que los límites del capital están anclados a la resistencia de los trabajadores por aguantar ingresos de miseria y precarias condiciones laborales.

Iván Duque, antes que buscar formalizar el empleo en Colombia y mejorar la calidad de vida de quienes se encuentran en el rebusque, a lo que se ha dedicado es a fomentar estos esquemas de creación de empleo, promoviendo a Rappi como ejemplo de innovación y planteando mecanismos que se modelen al tamaño de este negocio, como cotizaciones a pensión por horas.

No es posible que se siga permitiendo llegar a tales grados de flexibilización laboral, todo con el fin de beneficiar un puñado de “emprendedores”. Quienes niegan que existe una contradicción en el reparto de los ingresos excedentes del ejercicio económico son los primeros en pedir eliminar el salario mínimo, o reducirlo, o diferenciarlo por regiones, mientras piden mejores garantías fiscales al capital financiero y la inversión extranjera directa.

Recae sobre los asalariados, las capas medias y los demócratas del país alzar la voz frente a esta grave situación laboral y por medio de la organización social y la movilización masiva y pacífica exigir el cumplimiento de las leyes laborales y los derechos sociales que deben tener todos aquellos que desempeñen un trabajo en el país.


Referencias

[1] Marx, K. (1946). El Capital. Crítica de la Economía Política III. México: Fondo de Cultura Económica.
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