TLC con Israel: Duque consolida la quiebra económica nacional

El 10 de agosto de 2020 Duque confirmó la entrada en vigor de un nuevo Tratado de Libre Comercio, esta vez con Israel, el cual fue negociado en el Gobierno de Juan Manuel Santos. Este TLC representa un peldaño más en la escalera de apertura económica, libre comercio de mercancías y libre flujo de capitales, otra más de las mismas políticas que han fracasado para el país, y que profundizó la desindustrialización prematura de Colombia, con sus efectos en el desempleo, la informalidad, la pobreza y el atraso productivo.

Al revisar la balanza comercial, que son las exportaciones menos las importaciones del país con otras economías, se puede evidenciar que exportamos más de lo que importamos a Israel (superávit). Se podría concluir, falsamente, que tenemos ventaja en un escenario de TLC. En realidad, esta situación económica recuerda al caso del TLC con Estados Unidos y la Unión Europea, donde tuvimos superávit en la balanza comercial hasta la firma del acuerdo, pero después de entrar en vigor, esa ventaja se convirtió en desventaja (ver gráfica), inundando la economía nacional con mercancías estadounidenses y europeas, principalmente agropecuarias. ¿No pasará lo mismo con Israel?

Los TLC no solo son acuerdos comerciales, sino que tienen implicaciones en otros aspectos relacionados con propiedad intelectual, beneficios para la inversión extranjera y el capital financiero, entre otros. De hecho, Duque resalta que este acuerdo permitirá atraer mucha más inversión de Israel, escondiendo que las gabelas, los descuentos en impuestos y los beneficios al capital financiero no representa mayor bienestar económico y social para el país. De hecho, las últimas décadas de ejecución de la política de “confianza inversionista” han convertido a la economía colombiana en una de las más vulnerables del mundo, sufriendo grandes desbalances, como en el precio del dólar, el incremento de la deuda pública y privada, y volviendo al país en un gran dependiente del capital extranjero para poder equilibrar las cuentas nacionales.

A pesar de la incontrovertible evidencia de los últimos años, los gobernantes colombianos insisten en promover estas políticas antinacionales, rayando en el dogmatismo. El 2020 demostró que un país no es viable sin un sector agropecuario e industrial nacional, que permita sostener el empleo y cubrir las necesidades económicas y sociales de la población.

Por eso, es necesario alzar la voz en rechazo de la nueva oleada de TLC que promueve Duque, con Reino Unido que está en trámite en el Congreso de la República y con Japón que se viene negociando a espaldas del país, incumpliendo otra promesa más de las que hizo en campaña. La sociedad civil se debe unir contra este despropósito y rechazar un acuerdo comercial que pondrá en riesgo la economía, firmado con un gobierno que viola la legalidad internacional, mediante asentamientos ilegales, agresiones y discriminación contra el pueblo palestino.

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