Tres barrios populares de Chapinero, la presión inmobiliaria y la academia

Les voy a contar una historia curiosa —y triste— sobre este lugar alrededor de mi proyecto de Diseño 3 (Arquitectura). Espero aportar una perspectiva cercana (caso bogotano) sobre los barrios populares para que reflexionemos sobre lo que entendemos por “informalidad” e intervenciones arquitectónicas en entornos vulnerables (ver imagen 1).

Barrio Maria Cristina–Los Olivos, fotografía tomada por el autor (2014)

Entrando en contexto, el área de estudio es por allá arriba en Chapinero Alto, pegadito a Rosales. Fueron tres barrios los en cuestión: Bosque Calderón, Juan XXIII y Maria Cristina-Los Olivos. Todos en eje a la Av. Circunvalar, junto a universidades como la Universidad Manuela Beltrán y el Politécnico Grancolombiano. (ver imagen 2)

Localización satelital, fuente: Google Maps (2020)

El proyecto era el siguiente: debíamos diseñar a manera individual un equipamiento zonal en «entornos vulnerables» y, en grupo, plantear una propuesta urbana que articulara las zonas existentes y mejorara la calidad del entorno. Ahí fue una de mis primeras dicotomías de la carrera: ¿Qué entendemos por calidad?

Propuesta urbana Maria Cristina–Los Olivos, elaborada por el autor (2014)

Como se puede ver en la propuesta final (ver imagen 3), se trata de un montón de manchas de zonas verdes y duras, y escaleras y más escaleras (porque es una loma). Una propuesta de espacio público muy decorosa para adornar el equipamiento que cada uno propusiera —el mío era un centro cultural del que casi no hay fotos porque no me gustó.

Y la razón por la que no me gustó es porque ese resultado fue producto de lo que los profesores quisieron ver:

Demoler un barrio popular para hacer una propuesta urbana (espacio público) que mejorara el entorno de la “comunidad”, pero… ¿Cuál comunidad, esta comunidad vulnerable estrato 4? (ver imagen 4)

Perspectiva Torres Kandinsky y Sierras del Este. Tomada de: https://www.futbolred.com/contenido/publirreportaje/IMAGEN/IMAGEN-14866592-2.jpg (2020)

Durante el semestre, por allá en el segundo corte, nuestra entrega era una propuesta que conservaba el barrio Los Olivos, no sabíamos de eso del Mejoramiento Integral de Barrios, pero planteábamos algo parecido. Además, hacía de la comunidad del barrio una pieza de participación activa del proyecto. Uno de los jurados nos dijo:

«Es una ridiculez, ¿qué valor arquitectónico va a tener un barrio de esos? —risas—, a ver, muéstrame un estudio sociocultural que lo sustente…»

Desde luego, mis compañeros y yo no queríamos repetir Diseño 3, así que hicimos borrón y cuenta nueva: desaparecimos el barrio y dibujamos rayones al azar hasta lograr una composición «interesante» 😒. Afortunadamente, en la clase de Urbanismo 3, teníamos un profesor que, en efecto, sí nos enseñó el valor arquitectónico que puede tener un barrio barrio popular y pudimos hacer un mejor análisis de los 3 barrios:

Infografía barrio Juan XXIII, elaborada por el autor (2014)
Infografía barrio Bosque Calderón Tejada, elaborada por el autor (2014)
Infografía barrio Maria Cristina – Los Olivos, elaborada por el autor (2014)

Sin embargo, pese a las similitudes que comparten estos tres barrios, como un mismo origen que no es estrictamente informal ni mucho menos una invasión, no han corrido la misma suerte hasta el sol de hoy.

Barrio Maria Cristina – Los Olivos

Para el 2014, alrededor del 60% de las casas ya habían sido demolidas. El sector inmobiliario había ganado terreno, la gentrificación que generaron proyectos como Sierras del Este y Torres Kandinsky fueron disolviendo poco a poco las viviendas que quedaban, de manera que las últimas unidades no tuvieron otra opción que vender al precio mínimo que ofertaran estos agentes inmobiliarios. Hoy en día, son muy pocas las unidades que aún persisten entre los escombros, porque lo que respecta a la vecindad, las tiendas y la vida de barrio, ya no existe más en este lugar.

Barrio Maria Cristina–Los Olivos, fotografía tomada por el autor (2014)

JUAN XXII

El barrio que ha sobrevivido al ladito de Rosales como barrio popular, ha dado la lucha y se mantiene en pie. Hay muchas investigaciones sobre este lugar y cómo es un ejemplo de resistencia y participación comunitaria. La presión inmobiliaria para mover esta comunidad no tuvo el mismo éxito como sucedió en Maria Cristina–Los Olivos, por el contrario, este pequeño barrio se ha mantenido por más de 4 décadas.

Bosque Calderón Tejada

Uno de los barrios más segregados de la zona, como bordea la falda de los cerros orientales, está pegadito al sendero ecológico de la quebrada Las Delicias, que hace poco menos de un año estuvimos visitando con algunos amigos (Twitter: @Checolico y @nicolas_sgz). Les recomendamos ir, la comunidad se organizó para armar paseos guiados y mantener el sendero en óptimas condiciones, además ha habido un acompañamiento por algunas fundaciones e instituciones ambientales que han capacitado a la comunidad sobre la importancia de este cuerpo hídrico y la necesidad de su preservación.

Barrio Bosque Calderón Tejada. Tomada de: https://www.eltiempo.com/uploads/2017/07/17/596d7ef60b4c8.jpeg

Sobre el origen de estos barrios lo podemos remontarnos a los comienzos del siglo XX en Bogotá, cuando el casco urbano era el Centro y de la 26 al norte ya eran haciendas y casas de campo. La actividad minera en las canteras de los cerros orientales tuvo gran auge, tanto así que uno de los vestigios puede verse llegando a las cascadas de la quebrada Las Delicias. Esta actividad fue una de las principales fuentes de empleo en su momento, tanto así, que después del Bogotazo —y la prohibición de la minería en Bogotá—, los dueños de las haciendas declararon bancarrota y como remuneración a sus trabajadores les dejaron los predios que ocupaban para desarrollar sus labores.

Ahora, medio siglo más tarde, Chapinero Alto es una de las ubicaciones predilectas para el sector inmobiliario para el desarrollo de viviendas de estratos 4, 5 y 6. La vista panorámica a la ciudad, la cercanía al entorno natural de los cerros, la conectividad por las vías de acceso y el carácter central de Chapinero, hacen de este lugar una de las mejores opciones para vivir en la ciudad. Por consiguiente, la presión inmobiliaria por apropiarse de estos predios a bajo costo significa una prometedora oportunidad de inversión.

Así las cosas, la reflexión final es para aquellas personas que piensan que porque se trata de un barrio popular, de borde o periférico, es estrictamente de origen informal, o peor, «miserable». Si bien muchas urbanizaciones piratas obedecen a dinámicas de apropiación ilegal del suelo, hay otras historias sobre la fundación de los barrios obreros. Sin embargo, lo que sí tienen en común es que cada vivienda es el producto de una construcción de generaciones, que depositan grandes esfuerzos en construir el sueño de una vivienda propia para toda una familia.

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