Tres lideresas conversan sobre la violencia contra las mujeres y lo que no vemos

Empezamos mayo con la visita de tres lideresas locales a nuestro espacio de tertulia La 69 Cultural para conversar sobre lo que no vemos de la violencia contra las mujeres. Acá te contamos lo que pasó.

La primera en hablar fue Marcela Clavijo, edilesa de Chapinero por el partido Alianza Verde, quien hizo una exposición sobre los tipos de violencia de género que existen, la herramienta “Violentometro”, y la campaña Ni una menos.

Frente a casos de violencia –alarmantes de por sí, y donde las mujeres son las principales víctimas- es importante identificar los diferentes tipos de esta: antes se consideraba que solo estaba por un lado la psicológica (que incluía la verbal) y la física. Sin embargo, existen otros tipos  de violencia sobre las que la edilesa llamó la atención, que perpetúan el machismo y están tan arraigadas a nuestra cultura que se han naturalizado y no las vemos.

Adicional a la  violencia sexual (abuso, intimidación y explotación sexual), están: la violencia patrimonial (despojo o daño de los bienes de la víctima); la violencia obstétrica (daños a las mujeres en la atención de salud como el maltrato por de personal médico en momentos previos al parto); la violencia laboral (expresada en una brecha salarial del 20%  para mismo cargo, misma formación y mismo horario); la violencia mediática (medios que reproducen un estereotipo de mujer que acaba con la autoestima de muchas); y la violencia institucional (revictimización de las mujeres al culpárseles por las abusos que sufren).

La violencia política, a veces desconocida, consiste en que a las mujeres no se les reconoce en una primera medida por su actividad política sino por factores como si es casada o no -y si lo es es nombrada primero con el apelativo de “la esposa de…”, si es lesbiana, si tiene hijos, si tiene pareja, cómo se viste, entre otros asuntos de la vida privada, mientras que el hombre es reconocido por su discurso y sus apuesta políticas. En consecuencia, el entorno privado se vuelve una amenaza para el trabajo político de la mujer.

Al no ser, en su mayoría, escuchadas (por tanto invisibilizadas), a las mujeres se les obliga a tomar actitudes hegemónicas, es decir, actitudes propias del hombre patriarcal. ¡La política es un trabajo entre los géneros!, la democracia y el feminismo buscan los mismos intereses: una sociedad equitativa y en equilibro. El feminismo no es una pelea contra los hombres, sino por la inclusión y la equidad en derechos y en deberes, concluyó la edilesa.

Acto seguido, Lilia Avella, edilesa de Engativá por el Polo Democrático Alternativo, habló de la protesta y la lucha de las mujeres contra la violencia económica, como la de el 8 de marzo de este año que congregó a mujeres de treinta y un países y regiones distantes para marchar.  Razones como la resistencia contra el gobierno norteamericano, que persigue, agrede, golpea y expone a condiciones degradantes a inmigrantes, que en su mayoría son mujeres, se suman a la lucha contra el modelo neoliberal con que este gobierno arruina pueblos en el mundo y que ha generado crisis en el campo y en la ciudad de Colombia. Esta protesta, afirma la edilesa, ha cogido fuerza en en el país en respuesta a un proceso patriarcal perpetrado por un modelo económico. 

La idea de la edilesa es que el Estado debe garantizar el cumplimiento de los derechos laborales, económicos, sexuales y reproductivos, ya que los efectos del modelo económico afectan de manera especial a las mujeres. Esta afectación especial ocurre también con los daños al ambiente y al territorio, un ejemplo: las enfermedades reproductivas que la minería causa en las niñas. Concluye Avella haciendo eco del llamado de Marcela Clavijo a trabajar en la paridad política, donde hombres y mujeres tengan la misma participación en el ejercicio democrático, para que la equidad entre los géneros sea un hecho.

Rosalba Castiblanco, lideresa y consejera local de Suba, reafirmó la idea de la conexión que existe entre el sistema patriarcal y el modelo neoliberal, que aunque no sea evidente, es real, pues la violencia contra la mujer se enmarca en las relaciones desiguales de poder, relaciones propias tanto del patriarcado como del sistema que nos gobierna. Castiblanco resalta que en la economía del cuidado, la violencia laboral porque el sistema económico se apropia de la riqueza que producen las mujeres al cuidar de niños, ancianos y enfermos; aspecto que tiene que ver con la asignación y división injusta de trabajos para hombres (lo productivo, los bienes) y para las mujeres (lo reproductivo, el cuidado del hogar), asuntos que es de todos y de todas, o así debería serlo.

Las tres coinciden, desde su ejercicio en la ciudad de Bogotá, en que la alcaldía de Enrique Peñalosa, con plan de desarrollo que califican de “anti-mujer”, ha golpeado a la ciudadanía en general y de manera especial a las mujeres, acabando con las políticas de inclusión que se habían logrado como avance. Al final, Marcela, Rosalba y Lilia reconocen la necesidad de la unión de las fuerzas de mujeres y hombres para luchar contra el sistema que discrimina y violenta a la mujer.

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