Tributación, gasto público y reactivación: columna de Eduardo Sarmiento lo que nos espera con Carrasquilla y Duque

Además de sus impedimentos éticos, las ideas del ministro de hacienda que por más de que traten de disimularlo son también las de Duque, perpetúan el ciclo vicioso que tiene a Colombia en el podio de la desigualdad.

Además de sus impedimentos éticos, las ideas del ministro de hacienda que por más de que traten de disimularlo son también las de Duque, perpetúan el ciclo vicioso que tiene a Colombia en el podio de la desigualdad. En su más reciente columna Sarmiento, uno de los más brillantes economistas del país, nos recuerda por qué Duque es más de lo mismo. A continuación, reproducimos la columna.

Tributación, gasto público y reactivación

Por Eduardo Sarmiento, El Espectador

Las reformas tributarias se han convertido en un instrumento común de los gobiernos para aumentar los recaudos. Con el argumento de que experimentan un hueco fiscal que impide el funcionamiento del Estado, en el desespero consiguen la aprobación del Congreso. Como de costumbre, el Gobierno sostiene que la nueva reforma tributaria, a diferencia de las anteriores, será estructural, sin entrar a precisar el significado del término. Por fortuna, el concepto está claramente definido en la Constitución, que establece que la tributación debe ser justa y equitativa, es decir, progresiva, atender las necesidades del gasto público y contribuir al desempeño dinámico de la economía. Veamos cómo se cumplen las tres reglas de la carta constitucional.

En oportunidades anteriores mostré cómo en la reforma propuesta por la administración Duque la carga tributaria incide en mayor grado sobre las rentas del trabajo que en las del capital. Por lo demás, no contribuye a rectificar los factores que han colocado al país entre los más inequitativos del mundo.

La atención financiera al sector público se ve seriamente interferida por las privatizaciones que incrementaron las necesidades y los desajustes. En las pensiones, los fondos privados se quedan con los cotizantes y Colpensiones con los pensionados. Buena parte de las enormes erogaciones presupuestales por concepto de pensiones tienen como contraparte los excedentes que los fondos privados colocan en créditos al sector privado y TES. En el sistema de salud, las EPS le adeudan $7 billones a los hospitales. En la educación, las universidades públicas reciben asignaciones inferiores a los costos, la cobertura baja y los mayores recursos públicos se destinan al programa Ser Pilo Paga, que beneficia a un número reducido de estudiantes y les significa grandes ganancias a las universidades privadas. Por su parte, los programas de obras públicas se cubren con vigencias futuras y ocasionan grandes sobrecostos.

Lo cierto es que el sector público opera con deficiencias financieras crónicas. Los mayores recursos no las corrigen, sino se destinan a cubrir los desaciertos del pasado. La factura tributaria se traslada en buena parte al capital y no llega en proporciones adecuadas a los grupos de menores ingresos.

La reforma se justificó como una forma de reducir los gravámenes a las grandes empresas para elevar su competitividad externa y la productividad. Sin embargo, el efecto sería más que compensado por la elevación de la tributación de las personas naturales y la extensión del IVA a la canasta familiar. Se replica la reforma de Cárdenas, que en el fondo giraba alrededor del IVA, con resultados bien conocidos. Los dispositivos acentuaron y prolongaron el estancamiento, que proviene más de factores de demanda que de oferta. De hecho, la reforma de Carrasquilla acentuará el exceso de ahorro ocasionado por la descoordinación macroeconómica y los desajustes externos que han mantenido la economía estancada durante más de 4 años.

En fin, la reforma tributaria aumenta la progresividad fiscal, no corrige el desajuste financiero del sector público y no reactiva la producción. Al igual que las anteriores reformas, no va más allá de aliviar el hueco fiscal que tenderá a reaparecer en el futuro.

En cierta forma se confirma que la política fiscal es un instrumento que aisladamente no puede lograr muchos objetivos. En la práctica no es más que un componente de la estrategia global requerida para modificar la estructura económica que genera inequidad, anarquía en el gasto público y estancamiento. En esencia, lo que se plantea es la modificación de fondo del modelo neoliberal que experimenta serias fisuras en los países emergentes.

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