Un Congreso postrado

Es increíble lo que sucede en Colombia. Ante la decisión de varios gobiernos territoriales, el presidente Iván Duque se vio obligado a decretar la cuarentena para contener la pandemia del coronavirus; pero sin cumplirse un mes, procedió a abrir gran parte de la economía, lo cual fue ampliando cada determinado tiempo hasta el punto de que hoy los gremios reconocen la reapertura de cerca del 90 % de las actividades económicas. Lo increíble es que Colombia aún no ha llegado al pico del contagio, que el propio Gobierno pronostica para finales de agosto y mediados de septiembre, pero presenta un balance desastroso que, según el Centro Johns Hopkins de Ciencia e Ingeniería de Sistemas, que recopila los datos oficiales sobre contagios, muertes y recuperados por la pandemia de 188 países, hoy la ubica en el puesto 16 con mayor número de personas muertas y en el 15 con mayor número de contagios. El resultado muestra que la reapertura económica ha impactado en contra de la vida y la salud de los colombianos, aunque el gobierno de Duque señale como chivo expiatorio a la «indisciplina social», detrás de la cual están el analfabetismo, la miseria, la pobreza, el desempleo, la informalidad y todas las secuelas del modelo neoliberal.

Increíble es que ante esta tragedia anunciada, el Congreso de la República, máxima representación democrática de la diversidad étnica y geográfica, manipulado por las mayorías cómplices del presidente Duque, se haya dejado secuestrar y castrar sus facultades por un decreto -declarado inconstitucional por cooptar al poder legislativo–, como si estuviéramos en una dictadura, con el objetivo de implementar medidas que profundicen el neoliberalismo y concentren los recursos de la pandemia en los grupos económicos, sin ningún tipo de análisis del «Congreso virtual» que solo ha servido de «rey de burlas», de caricaturas y de humoristas. Ante la insistencia del mejor senador de Colombia, Jorge Enrique Robledo, aspirante a la presidencia del país, de asistir presencialmente a las sesiones, el Gobierno y su Coalición acudieron al argumento de cuidar la vida de los «Padres de la Patria», por encima de sus responsabilidades, el mismo que no ha sido válido para el resto de la población, enviada expósita a enfrentar la pandemia, en un país con una red de salud y hospitalaria carente de las mínimas garantías para responder por su vida. Si bien es cierto que es necesario activar la economía, es mucho más cierto que se debe armonizar con el derecho a la vida, y el ascenso de la pandemia significa que su reapertura está causando mayor contagio y muertes, entre los cuales los que más perecen son la gente del común. 
Además, es increíble que a este Congreso eunuco, el gobierno de Duque, Cambio Radical y su Coalición neoliberal le impongan un presidente al Senado como Arturo Char, quien como otros de sus familiares, se encuentra sub júdice desde 2018, cuando un fiscal que investiga a la exsenadora Aída Merlano por compra de votos en las pasadas elecciones al Congreso, compulsó copias ante la Corte Suprema de Justicia para que determine si se abre un proceso penal contra este senador por su “posible participación en la financiación de actividades que atentan contra la participación democrática». ¡Increíble!: esa Corte le aplazó una cita a versión libre, con lo cual le facilitó su elección como presidente del Senado. Lo dijo Jorge Robledo: ¡Desde allí se hará más poderoso para el “tapen, tapen”!

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