Y El Jilguero voló

«Por muy alto que vuele y se eleve el águila, siempre regresa a su nido con precisión», le dijo el compositor y poeta Octavio Daza al adelantado Jorge Oñate, en la magistral interpretación de un poema hecho canción: Nido de amor, que conjuga la descripción de los fenómenos naturales, la crecida de los arroyos, el cariño fraternal y el comportamiento de los animales, con el inmenso amor que se puede profesar hacia la persona que será su cónyuge. Y esa voz majestuosa, acompañada del maestro Raúl “Chiche” Martínez en el acordeón, rompió las fronteras hasta de quienes desprecian el Vallenato, cuando el Gran Combo de Puerto Rico tuvo la osadía de interpretarlo: «Por muy lejos que yo me vaya, pronto regreso a tu lado porque tú eres mi nido de amor».

Duele mucho la muerte de este cultor del folclor colombiano —eso es en su inmensidad la música Vallenata—, “un mártir del folclor”, como Oñate se autocalificó cuando expresó que le dedicó más de 50 años de su vida sacrificando su familia y sus hijos, porque nunca descansó hasta verlo convertido en lo que es hoy: un enorme género musical que por su riqueza rítmica y la versatilidad de sus composiciones se pasea por el mundo, en una lucha gigante contra quienes lo desvían de sus raíces, desvirtuando sus orígenes con el objetivo de solo comercializar y obtener con él multimillonarias ganancias. Estos están anclados en todas partes hasta el punto que le esquilmaron a Oñate un merecido homenaje en el Festival Vallenato.

En el contexto anterior —que no es otra cosa que la globalización transcultural de las naciones dominantes sobre el resto del mundo— debemos advertir la grave amenaza que se cierne sobre toda la cultura nacional. No solo está el elemento de su comercialización sino también “la desculturización nacional”, un arma de combate en pos de ejercer sobre nosotros el peor de los dominios. El imperialismo hace rato lanzó su estrategia para imponernos su cultura, cada día más reforzada concentrando y controlando sus fuentes financieras a través de sus transnacionales del entretenimiento, que gozan de garantías en los Tratados de Libre Comercio y la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, mecanismos de la globalización neoliberal. Esas multinacionales, que imponen su cultura a través de las Tecnologías de la Información y la Comunicación, obtuvieron utilidades por más de 5 billones de dólares en el año 2020. Ahí encontramos una de las razones por las cuales nuestros artistas, con muy pocas excepciones, carecen de apoyo y respaldo financiero del Gobierno Nacional, que solo es visible en sus triunfos o en sus pésames. El fortalecimiento y rescate de las expresiones culturales, que hoy muchas se están extinguiendo, como las raíces del Vallenato, necesitan del fortalecimiento de un Gran Frente Amplio por la Defensa de la Cultura Nacional, que propenda por una ley general que obligue al Estado a respetar nuestra más profunda de las soberanías. 

En una improvisación, que hoy le debe estar doliendo mucho, su compadre “Poncho” Zuleta le dijo que primero fue Rafael, luego Diomedes y ahora el turno era para Oñate. ¡Qué difícil es verte partir, Jorge Oñate!, como en aquella nefasta mañana del 11 de junio de 1992 cuando mataron al gran Rafael Orozco, a quien entonces el compositor y poeta Octavio Daza Daza, le había dado otro “Nido de amor”: ¡«Y la paloma voló, como mostrando el camino, y la paloma voló, con rumbo desconocido, y en el laurel donde se paró, ella encontró su nido y yo encontré mi amor: Mi nido de amor…»!

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